José María Samper Brush

Toda gran historia tiene un comienzo. Estos son los hombres que, con sus ideas y su visión, sentaron las bases del Gimnasio Moderno.

José María Samper Brush

José María Samper Brush, conocido familiarmente como don Chepe, fue empresario, filántropo, educador y uno de los fundadores fundamentales del Gimnasio Moderno. Su vida estuvo vinculada a algunos de los procesos que transformaron a Bogotá entre finales del siglo XIX y comienzos del XX: el desarrollo de la energía eléctrica, la industria, las obras de infraestructura y, de manera especial, la renovación de la educación colombiana.

Fue el penúltimo de los hijos de Miguel Samper Agudelo y María Teresa Brush Domínguez. Su padre, conocido como el Gran Ciudadano, fue una de las figuras sobresalientes del liberalismo colombiano del siglo XIX: empresario, economista, escritor y hombre público. De aquella casa heredó José María una concepción del trabajo estrechamente ligada al servicio al país. Antonio Gómez Restrepo, en una semblanza escrita poco después de su muerte, atribuyó a Miguel Samper la rectitud de carácter y la firme voluntad que distinguieron a sus hijos, y a Teresa Brush, la bondad, la piedad ilustrada y una ternura escondida tras una apariencia severa.

Los Samper Brush pertenecieron a una generación de empresarios convencida de que el progreso de Colombia exigía obras concretas. José María participó en empresas relacionadas con la generación de energía eléctrica y, tras la muerte de su hermano mayor, Santiago Samper Brush, asumió el liderazgo de los negocios familiares. Pero su manera de entender la empresa estaba lejos de limitarse a la administración de capitales. Era, ante todo, un hombre de acción.

Tomás Rueda Vargas lo recordó junto a su hermano Tomás trabajando al lado de los obreros, con el agua a la cintura, durante las obras de la presa de Alicachín, destinadas a controlar la corriente del río Bogotá. En lo alto de aquella muralla, José María hizo grabar los nombres de su padre Miguel y de su hermano Santiago. El gesto resulta revelador: en don Chepe, las realizaciones del presente estaban frecuentemente vinculadas a una idea de continuidad familiar y de servicio al país.

Esa misma combinación de pragmatismo, sentido social y visión de futuro apareció en otro de los grandes intereses de su vida: la educación.

Los Samper Brush pertenecieron a una generación de empresarios convencida de que el progreso de Colombia exigía obras concretas. José María participó en empresas relacionadas con la generación de energía eléctrica y, tras la muerte de su hermano mayor, Santiago Samper Brush, asumió el liderazgo de los negocios familiares. Pero su manera de entender la empresa estaba lejos de limitarse a la administración de capitales. Era, ante todo, un hombre de acción.

Tomás Rueda Vargas lo recordó junto a su hermano Tomás trabajando al lado de los obreros, con el agua a la cintura, durante las obras de la presa de Alicachín, destinadas a controlar la corriente del río Bogotá. En lo alto de aquella muralla, José María hizo grabar los nombres de su padre Miguel y de su hermano Santiago. El gesto resulta revelador: en don Chepe, las realizaciones del presente estaban frecuentemente vinculadas a una idea de continuidad familiar y de servicio al país.

Esa misma combinación de pragmatismo, sentido social y visión de futuro apareció en otro de los grandes intereses de su vida: la educación.

La preocupación de los Samper por crear un colegio diferente era anterior a la fundación del Gimnasio Moderno. Santiago había intentado establecer una institución educativa independiente y renovadora en Contador, Chía y el Chicó. El proyecto no llegó a realizarse, pero José María compartía con él la convicción de que Colombia necesitaba transformar la manera de educar a sus jóvenes.

Antes incluso de la creación del Gimnasio, don Chepe se interesó por una educación basada en la acción, la camaradería, la vida al aire libre y el contacto directo con la naturaleza y con el país. Ese interés lo llevó a participar en la introducción y organización en Colombia del movimiento de los Boy Scouts, creado por Robert Baden-Powell. Para impulsar aquella iniciativa recurrió a Tomás Rueda Vargas, con quien ya mantenía una relación de amistad y confianza.

Por eso, cuando Agustín Nieto Caballero regresó al país después de sus estudios y viajes por Europa y los Estados Unidos, encontró en José María Samper algo más que un posible benefactor. Encontró a un hombre que llevaba tiempo pensando en la necesidad de una escuela diferente.

Allí confluyeron dos caminos. Nieto Caballero traía consigo el conocimiento de las nuevas corrientes pedagógicas y la idea de construir una escuela centrada en el niño, la libertad, la confianza y el contacto con la realidad. Los Samper poseían los recursos, la experiencia empresarial y, sobre todo, la capacidad de transformar una aspiración en una obra concreta. La historia del Gimnasio Moderno nació también de esa complementariedad: Agustín Nieto como gran conductor de su pensamiento pedagógico y los Samper como hombres de acción capaces de darle al proyecto bases reales y funcionales.

El 25 de abril de 1914, José María Samper estuvo entre los diecisiete fundadores de la Sociedad Gimnasio Moderno. La presencia de su familia fue especialmente significativa: seis de los fundadores llevaban el apellido Samper. Aquella primera organización tuvo una estructura semejante a la de una sociedad empresarial, reflejo de la mentalidad práctica con la que sus promotores buscaron asegurar la viabilidad del nuevo colegio.

Pero don Chepe no permaneció en la distancia del benefactor ni se limitó a participar en reuniones y aportar recursos. También fue maestro.

Durante los primeros años, cuando el Gimnasio funcionaba en la Casa de los Torreones, enseñó aritmética a los niños. La escena conservada por los recuerdos de Agustín Nieto Caballero ofrece quizá uno de los retratos más humanos del personaje. Era un hombre de mirada severa, gruesas gafas de aro dorado y porte firme, semejante —dice la evocación— a un capitán de barco inglés o a uno de aquellos capitanes de industria de los tiempos pioneros. Sin embargo, los muchachos lo recibían con una algazara cariñosa y se acercaban a él con absoluta confianza.

Esa imagen dice mucho sobre su relación con el Gimnasio. José María Samper no consideraba el colegio simplemente una inversión filantrópica. Participaba en su vida cotidiana y estaba dispuesto incluso a sentarse frente a los alumnos para enseñarles.

Su intervención sería todavía más decisiva cuando llegó el momento de darle al Gimnasio una sede definitiva.

El nuevo modelo educativo requería espacios muy diferentes de los habituales en los colegios bogotanos de la época: amplios terrenos, jardines, campos para los juegos y los deportes, contacto con la naturaleza y edificios concebidos de acuerdo con una nueva manera de entender la educación. El arquitecto norteamericano Robert M. Farrington elaboró el proyecto de las nuevas instalaciones. Para la Bogotá de entonces, la magnitud de la propuesta podía parecer desmesurada.

Una vez realizados los aportes, José María y Tomás hicieron lo que acostumbraban hacer en sus empresas: se pusieron personalmente al frente de las obras. Hacia 1918 comenzaron las mediciones y posteriormente la construcción de los edificios. Aquellos terrenos abiertos al norte de la Bogotá de entonces terminarían convirtiéndose en uno de los elementos esenciales de la identidad del Gimnasio Moderno.

El espacio no era simplemente el lugar donde funcionaría el colegio. Expresaba físicamente una concepción educativa. Los campos, los jardines, los árboles, los patios y los edificios hacían posible una escuela en la que el aprendizaje podía salir del salón de clase y encontrarse con la naturaleza, el juego y la experiencia.

En ese sentido, la contribución de don Chepe fue mucho más profunda que la donación de una propiedad. Ayudó a darle forma física a una idea pedagógica.

En su vida privada, José María estuvo casado con una hija del escritor y fundador de la Academia Colombiana de la Lengua José María Vergara y Vergara. Los testimonios recogidos sobre aquel hogar hablan de un ambiente de afecto y alegría y de una caridad ejercida con constancia y sentido práctico. Era otra expresión de una idea que parece atravesar su vida: los privilegios y los recursos adquirían sentido cuando podían ponerse al servicio de otros.

José María Samper Brush murió en 1926. Para entonces había alcanzado a contemplar buena parte de la obra que había ayudado a hacer posible. El Gimnasio Moderno había

dejado atrás la incertidumbre de sus primeros años y ocupaba ya los terrenos sobre los cuales él y su hermano habían emprendido aquella construcción que muchos pudieron considerar excesiva para la pequeña Bogotá de comienzos del siglo XX. La fecha de su muerte queda confirmada por la semblanza de Antonio Gómez Restrepo, escrita poco después de su fallecimiento.

Su lugar en la historia del Gimnasio no debería reducirse, por tanto, al de benefactor.

Don Chepe perteneció al núcleo de hombres que hicieron posible la institución. Compartió la preocupación por transformar la educación antes de que el colegio existiera; participó en su fundación; aportó recursos decisivos; enseñó a sus primeros alumnos; promovió la adquisición de los terrenos; impulsó la construcción de sus edificios y estuvo dispuesto a comprometer una parte sustancial de su patrimonio para asegurar su permanencia.

En la historia del Gimnasio Moderno, la figura de Agustín Nieto Caballero ocupa necesariamente un lugar central como creador y conductor de su proyecto pedagógico. Pero una idea, por poderosa que sea, necesita encontrar las circunstancias y las personas capaces de hacerla realidad. José María Samper Brush fue una de ellas.

Empresario acostumbrado a construir obras materiales, terminó participando en una empresa de naturaleza distinta: la construcción de una escuela y, a través de ella, la formación de nuevas generaciones de colombianos.

Tal vez allí se encuentre la mejor síntesis de su legado. En don Chepe, la modernización del país no consistía solamente en producir energía, levantar industrias o transformar el territorio. También significaba educar.

Y por eso, más de un siglo después, una parte esencial de su biografía continúa escrita en los campos, los edificios y la vida cotidiana del Gimnasio Moderno.