Agustín Nieto Caballero

Educar antes que instruir

Agustín Nieto Caballero nació en Bogotá el 17 de agosto de 1889. Educador, escritor, diplomático y hombre público, fue el principal impulsor y fundador del Gimnasio Moderno y una de las figuras más importantes de la renovación pedagógica en Colombia durante el siglo XX. Durante más de seis décadas defendió una concepción de la educación basada en la confianza, la libertad, el contacto con la naturaleza, la formación integral y el respeto por la personalidad del niño.

Fue hijo del comerciante bogotano Agustín Nieto Barragán y de Paulina Caballero Barrera, y hermano de Luis Eduardo y Paulina Nieto Caballero. Su infancia estuvo marcada tempranamente por la pérdida. Su madre murió al dar a luz a Paulina y, pocos años después, falleció también su padre. Los tres hermanos quedaron huérfanos y fueron acogidos por sus tíos Isidro Nieto Barragán y Lucas Caballero Barrera, reconocido militar y hombre público colombiano.

Agustín Nieto Caballero a los 10 años de edad.

La orfandad dejó una huella profunda en Agustín. Él mismo evocaría muchos años después un episodio aparentemente pequeño que se convirtió en uno de los recuerdos más dolorosos de su infancia. Un gallo blanco que tenía en casa y al que cuidaba personalmente apareció muerto en un aljibe. Los adultos lo acusaron de haberlo arrojado allí. Agustín protestó, lloró y sostuvo su inocencia, pero nadie le creyó. «Como nunca, sentí mi orfandad», recordaría.

Aquel sentimiento de injusticia resulta significativo cuando se contempla a la luz de su pensamiento posterior. Una parte esencial de la pedagogía que defendió durante toda su vida estaría construida precisamente sobre aquello que echó de menos en ese momento: la confianza en el niño.

Entre los ocho y los trece años pasó por varios establecimientos educativos de Bogotá: el colegio de los Hermanos Cristianos, el Colegio Americano, el de Araujo y Ramírez y el Liceo Mercantil. Su experiencia como estudiante le permitió conocer de primera mano una enseñanza basada fundamentalmente en la repetición, la memorización y la autoridad del maestro.

Don Agustín Nieto Caballero recién llegado de Europa, en el proceso de fundación del Gimnasio

Su familia decidió posteriormente enviarlo a Europa. Estudió Derecho en París y continuó su formación en Filosofía y Ciencias de la Educación en la Sorbona y el Colegio de Francia. Más tarde viajó a los Estados Unidos, donde adelantó estudios de Biología y Psicología en el Teachers College de la Universidad de Columbia, en Nueva York.

Aquellos años fueron decisivos. Mientras estudiaba Derecho, su verdadera curiosidad comenzaba a dirigirse hacia la educación. Conoció las corrientes pedagógicas que cuestionaban la escuela tradicional y se acercó a las ideas de educadores europeos y estadounidenses que proponían situar al niño en el centro del proceso educativo. Su formación estuvo influida por figuras como Ovide Decroly, John Dewey y María Montessori, así como por los españoles Francisco Giner de los Ríos, Manuel Bartolomé Cossío y Rafael Altamira.

El regreso a Colombia

En 1913, Agustín Nieto Caballero regresó al país decidido a poner en práctica lo que había aprendido.

El guion biográfico conserva una imagen elocuente de aquel regreso: entre sus pertenencias traía una pequeña biblioteca pedagógica y materiales de enseñanza poco conocidos entonces en Colombia, entre ellos cilindros de sonido, tabletas de colores y elementos del método Montessori.

Su propósito inicial era impulsar una reforma desde la educación pública. Intentó promover la creación de una institución estatal en la que pudieran aplicarse las nuevas ideas pedagógicas, pero el proyecto no encontró respaldo. Decidió entonces emprenderlo de manera privada.

En ese momento se produjo el encuentro con un grupo de hombres que compartían, desde diferentes perspectivas, su preocupación por el país y por la educación. Entre ellos se encontraban José María Samper Brush, Tomás Samper Brush y Tomás Rueda Vargas.

De aquella confluencia nació el Gimnasio Moderno.

El 18 de marzo de 1914, el Gimnasio Moderno abrió sus puertas a sus primeros 39 alumnos,
agrupados en las secciones Bolívar y Nariño.

El colegio comenzó actividades en 1914 y se propuso romper con varios de los principios de la educación tradicional. Frente a la memorización, los métodos activos; frente al encierro, las excursiones y el contacto con la naturaleza; frente al castigo, la confianza; frente a la pasividad del estudiante, su participación activa en el aprendizaje.

El nombre mismo expresaba el proyecto. Años después, don Agustín explicaría que «Gimnasio» aludía a la actividad del cuerpo y del espíritu, mientras que «Moderno» constituía un compromiso con la renovación permanente.

En el centro de su propuesta estaba la que se conocería como disciplina de confianza. El alumno debía recibir espacios de libertad y aprender a responder por ellos. La autoridad no desaparecía, pero dejaba de estar fundamentada en el miedo. El niño era reconocido como una persona capaz de asumir responsabilidades, dialogar y participar activamente en la vida de la comunidad escolar.

De allí surgió una de las expresiones que mejor sintetizan el pensamiento de Nieto Caballero: «Educar antes que instruir».

Para don Agustín, la misión fundamental de la escuela no era acumular conocimientos. Antes estaba la formación del carácter: la honradez, la decencia, la responsabilidad, la firmeza, la sensibilidad y el compromiso con los demás. La instrucción era necesaria, pero adquiría sentido dentro de una formación humana más amplia.

Una educación integral

Su concepción pedagógica comprendía al niño como una totalidad. La educación debía ocuparse simultáneamente de su inteligencia, su sensibilidad y su cuerpo. Por eso otorgó un lugar fundamental a la educación física, los juegos, las excursiones, los trabajos manuales, la observación directa, la investigación y el contacto con la naturaleza.

La escuela no debía preparar al niño solamente para aprobar exámenes, sino para vivir.

Esta concepción explica la importancia que adquirieron en el Gimnasio los campos, los jardines y los espacios abiertos. También explica su permanente interés por traer a Colombia las experiencias pedagógicas que conocía en el exterior. Nieto Caballero nunca consideró su proyecto terminado: entendía la palabra «Moderno» como la obligación de permanecer atento a las transformaciones de la educación.

Alumnos del Gimnasio Moderno jugando en la Casa Los Torreones, primera sede del colegio.

En 1925, invitó a Colombia al pedagogo belga Ovide Decroly, una de las figuras que más habían influido en su pensamiento. Durante su visita, Decroly conoció el Gimnasio y trabajó con maestros colombianos y extranjeros en torno a su metodología de los Centros de Interés, basada en organizar el aprendizaje alrededor de las necesidades, preguntas e intereses del niño.

Nieto Caballero mantuvo además vínculos con importantes figuras de la pedagogía y la cultura internacional. Cultivó relaciones con John Dewey y María Montessori y sostuvo correspondencia con personalidades como Gabriela Mistral y Rabindranath Tagore. Sus viajes por Europa y América fueron para él una oportunidad permanente de observar, estudiar y traer a Colombia experiencias que pudieran enriquecer la educación.

Educar también era servir

La preocupación de don Agustín nunca estuvo limitada a los estudiantes del Gimnasio Moderno.

En 1915 impulsó las Cajas Escolares, destinadas a proporcionar desayuno y vestido a niños de las escuelas públicas. Su razonamiento era elemental y profundamente humano: resultaba imposible pretender educar adecuadamente a un niño que tuviera hambre o frío.

Promovió también las Colonias de Vacaciones, participó en el desarrollo del escultismo y trabajó activamente en la Cruz Roja Juvenil, convencido de que el espíritu de servicio y la solidaridad debían cultivarse desde la infancia. Donó además un terreno en Pacho, Cundinamarca, destinado a una colonia vacacional para niños.

Con la misma metodología implementada en el Moderno,
las niñas del Gimnasio Femenino construyen una ciudad en su salón,
como parte de los Centros de Interés decrolianos.

Su preocupación alcanzó también la educación de la mujer. En una época en la que las oportunidades educativas femeninas continuaban siendo limitadas, participó en la creación del Gimnasio Femenino, que abrió sus puertas en Bogotá en 1928.

Adelaida Cano y su familia

El 8 de noviembre de 1915, Agustín Nieto Caballero contrajo matrimonio en Medellín con Adelaida Cano. Ella sería su compañera durante buena parte de la aventura educativa que apenas comenzaba. Después del matrimonio viajaron a Europa, donde don Agustín continuó estudiando las nuevas corrientes pedagógicas.

La familia Nieto Cano.

A su regreso mandó construir, cerca de la nueva sede del Gimnasio, la casa familiar. Allí vivieron desde 1921 junto con sus hijos Alberto, Guillermo, Jaime, Adelaida, Gloria y Agustín.

En 1934 sufrió uno de los golpes más dolorosos de su vida: la muerte de su hijo Alberto, uno de los estudiantes destacados del Gimnasio. Don Agustín había llevado desde el nacimiento del muchacho un diario en el que registraba episodios de su infancia y juventud.

Del Gimnasio a la educación nacional

La experiencia del Gimnasio Moderno convirtió progresivamente a Nieto Caballero en una referencia de la educación colombiana.

Durante el gobierno de Enrique Olaya Herrera se vinculó a la administración educativa nacional. Fue Director General de Educación e Inspector Nacional de Educación, responsabilidad que le permitió recorrer numerosas regiones del país, visitar escuelas y conversar directamente con maestros y estudiantes.

Su concepción de la inspección escolar resulta reveladora. Consideraba que el inspector no debía comportarse como un policía que llegaba a buscar errores, sino como un colaborador capaz de comprender el ambiente moral y espiritual de una institución, estimular a sus maestros y ayudarla a avanzar.

También representó a Colombia en la Sociedad de las Naciones y en numerosas conferencias internacionales sobre educación. En 1936 participó en encuentros educativos en Ginebra, Berlín, Oxford y Cheltenham. En este último conoció al educador alemán Ernest Bein, quien llegaría al Gimnasio Moderno en 1939 y se convertiría durante cerca de tres décadas en uno de sus principales colaboradores.

Ernesto Bein recién llegado al Gimnasio en 1939

Entre 1938 y 1941, Nieto Caballero fue rector de la Universidad Nacional de Colombia. También se desempeñó como embajador de Colombia en Chile entre 1942 y 1943 y posteriormente integró el Consejo Superior de Educación. Su actividad internacional continuó durante las décadas siguientes, particularmente en organismos y encuentros vinculados con la UNESCO y la educación latinoamericana.

En todos esos escenarios mantuvo una misma convicción: Colombia debía aprender de las mejores experiencias educativas internacionales sin renunciar a comprender sus propias circunstancias. No se trataba de copiar modelos extranjeros, sino de estudiarlos críticamente y adaptar aquello que pudiera contribuir al desarrollo del país.

El Gimnasio en la historia de Colombia

El compromiso de Nieto Caballero con una educación abierta y democrática tuvo una expresión especialmente significativa durante los acontecimientos del 9 de abril de 1948.

Después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y de los disturbios que sacudieron a Bogotá, la IX Conferencia Panamericana, que se encontraba reunida en la ciudad, necesitó continuar sus deliberaciones. Don Agustín ofreció entonces las instalaciones del Gimnasio Moderno.

En sus aulas prosiguieron las reuniones que condujeron a la firma de la Carta de Bogotá y al nacimiento de la Organización de los Estados Americanos.

El episodio adquiría un significado especial para una institución fundada tres décadas antes sobre los principios de libertad, diálogo, ciudadanía y confianza.

Delegados de la IX Conferencia Panamericana debatiendo en los salones del Edificio de Bachillerato

Maestro, escritor y humanista

Nieto Caballero fue también un prolífico escritor sobre educación. Entre sus obras se encuentran La Educación Nacional, Los maestros, Crónicas de viaje, Crónicas ligeras, Una escuela y Palabras a la juventud. Después de su muerte se publicaron otros textos, entre ellos La escuela y la vida.

Su curiosidad intelectual se reflejó igualmente en el propio Gimnasio. Creó un centro de documentación compuesto por recortes de prensa clasificados temáticamente para que los estudiantes pudieran consultar información y desarrollar investigaciones. Reunió además una extensa colección de cuentos infantiles y una importante biblioteca especializada en educación.

Pero don Agustín no fue un hombre desprovisto de contradicciones. Cosmopolita y abierto a las grandes transformaciones pedagógicas de su tiempo, podía ser también conservador frente a algunas manifestaciones culturales de las generaciones más jóvenes. En sus últimos años discutía, por ejemplo, sobre el pelo largo de los muchachos o sobre ciertas expresiones del arte y la literatura contemporáneos. Lo significativo era que aquellas diferencias no eliminaban el diálogo: escuchaba los argumentos de los jóvenes y estaba dispuesto a discutir con ellos.

Esa capacidad para convivir con el desacuerdo era, en cierto sentido, consecuencia de la misma disciplina de confianza que había defendido durante toda su vida.

Los últimos años

Los reconocimientos llegaron progresivamente. En 1964, cuando el Gimnasio Moderno celebró sus primeros cincuenta años, recibió la Orden de Boyacá en el grado de Gran Oficial. En 1967, la Universidad Pedagógica Nacional le otorgó el título de Doctor Honoris Causa. Posteriormente recibió otros reconocimientos nacionales e internacionales, entre ellos las Palmas Académicas del gobierno francés y la Orden Nacional Miguel Antonio Caro y Rufino Cuervo.

Para entonces, don Agustín llevaba medio siglo dedicado al colegio que había imaginado siendo joven.

Al salir de su oficina, las palomas del colegio se le acercaban.

Murió en Bogotá el 3 de noviembre de 1975, a los 86 años. Había dedicado sesenta y uno de ellos a la obra del Gimnasio Moderno.

Su funeral tuvo lugar en el mismo colegio. Mientras un cadete militar interpretaba el toque de silencio, su cuerpo descendió a la tumba situada junto a la capilla. Los estudiantes y exalumnos cantaron el himno del Gimnasio y, en un gesto espontáneo, algunos muchachos arrancaron de sus uniformes el escudo del colegio y lo arrojaron sobre su ataúd.

Allí permanece sepultado, en los jardines de la institución a la que consagró buena parte de su vida.

Funeral de don Agustín Nieto Caballero.

Un legado que trasciende al Gimnasio

Reducir la importancia de Agustín Nieto Caballero a la fundación del Gimnasio Moderno sería insuficiente.

Su verdadera dimensión histórica está en haber contribuido a modificar la manera como Colombia pensaba la infancia y la educación. Defendió al niño como una persona digna de confianza; cuestionó la enseñanza basada exclusivamente en la memoria y el castigo; reivindicó la actividad física, el juego, las excursiones y la observación; promovió la formación de los maestros; vinculó la educación con la solidaridad y el servicio, y mantuvo durante toda su vida un diálogo permanente con las corrientes pedagógicas internacionales.

Pero tampoco realizó aquella transformación solo. La historia del Gimnasio permite comprender la complementariedad del grupo fundador: Nieto Caballero aportó la visión pedagógica y una extraordinaria capacidad para mantenerla viva; José María y Tomás Samper Brush contribuyeron decisivamente a darle bases económicas, institucionales y materiales; Tomás Rueda Vargas ayudó a traducir aquel pensamiento en una cultura profundamente vinculada con Colombia.

Don Agustín fue el hombre que mantuvo unidos esos esfuerzos y convirtió el Gimnasio en el proyecto de su vida.

Busto en memoria de don Agustín Nieto, inaugurado en 1985.

En 1985, diez años después de su muerte, el colegio levantó un busto suyo en La Raqueta. Desde entonces su figura acompaña las ceremonias, las izadas de bandera y el paso cotidiano de nuevas generaciones de estudiantes.

Sin embargo, su legado más profundo no está en ese monumento.

Está en una concepción de la escuela que continúa planteando preguntas más de un siglo después: qué significa confiar en un niño, cuál debe ser la relación entre libertad y responsabilidad, para qué sirve realmente lo que se aprende y cuál es, en último término, la tarea de un educador.

Agustín Nieto Caballero encontró para esa última pregunta una respuesta sencilla que terminó convirtiéndose en la divisa de toda su obra:

«Educar antes que instruir».

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