Tomás María Canuto Samper Brush, conocido como don Tomás Samper, nació en 1871 y fue el menor de los hijos de Miguel Samper Agudelo y María Teresa Brush Domínguez. Empresario, hombre público y uno de los fundadores del Gimnasio Moderno, perteneció a una generación que participó activamente en la transformación económica y social de Bogotá durante las primeras décadas del siglo XX. Murió el 22 de septiembre de 1925, a los 54 años. Las fuentes genealógicas consultadas coinciden en estos datos.
Su padre, Miguel Samper Agudelo, conocido como el Gran Ciudadano, fue empresario, economista, escritor, ministro de Hacienda, dirigente del Partido Liberal y candidato a la Presidencia de la República. De él heredaron sus hijos no solo una posición económica privilegiada, sino una concepción de la vida pública en la que la iniciativa empresarial estaba estrechamente relacionada con el progreso del país.
Tomás fue el menor de aquella familia. El libro El Gimnasio Moderno en la vida colombiana señala que él y su hermano José María heredaron de su padre «la rectitud de carácter y la firme voluntad» y de su madre, Teresa Brush, «la bondad efusiva, la piedad ilustrada» y una ternura escondida tras una apariencia seria.
Un empresario de la primera modernización de Bogotá
Los hermanos Samper Brush estuvieron vinculados a algunos de los emprendimientos industriales más importantes de la Bogotá de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Entre ellos sobresale Samper Brush & Cía., empresa dedicada a la generación hidroeléctrica y antecedente de la Empresa de Energía Eléctrica de Bogotá.
La documentación histórica de la Empresa de Energía confirma la participación directa de Tomás en aquella sociedad. Un registro de distribución de dividendos de 1903 lo incluye entre los socios de Samper Brush & Cía., junto con sus hermanos Manuel, Santiago, José María, Joaquín y Antonio.
Tomás participó también en la creación de la Fábrica de Cemento Samper. Una publicación de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, aparecida con motivo de los cincuenta años de la empresa, señala que fue fundada en 1909 por los seis hijos varones de Miguel Samper Agudelo: Manuel, Santiago, José María, Antonio, Joaquín y Tomás. La nueva industria tendría una influencia decisiva en la construcción de edificios, puentes, carreteras, acueductos y otras obras de infraestructura del país.
Una de las primeras muestras de aquella nueva industria apareció en las celebraciones del Centenario de la Independencia de 1910. José María y Tomás participaron en las obras del Parque del Centenario, en San Diego. El pequeño quiosco construido allí con cemento Samper se convirtió en una demostración temprana de las posibilidades del material producido por la familia.
Pero los hermanos Samper no concebían su actividad empresarial desde la distancia de un escritorio.
Tomás Rueda Vargas los recordó trabajando al lado de sus propios obreros, con el agua a la cintura, durante la construcción de la presa de Alicachín, que permitía controlar las aguas del río Bogotá para la generación de energía eléctrica. La imagen retrata bien el temperamento que las fuentes atribuyen a Tomás: un empresario dispuesto a intervenir personalmente en la realización material de sus proyectos.
El hombre público
La actividad de Tomás Samper no se limitó al mundo empresarial. También participó en la vida política del país.
Fue miembro del Congreso de 1909, en uno de los momentos particularmente complejos de la historia política colombiana, y defendió asuntos relacionados con la libertad de trabajo y la reforma del servicio militar. El Gimnasio Moderno en la vida colombiana destaca especialmente su oposición al reclutamiento forzoso y relaciona esta preocupación con el interés de los Samper por ampliar las posibilidades de la juventud colombiana.
La participación de Tomás en este debate está respaldada también por estudios históricos sobre la profesionalización de las Fuerzas Militares. Años después, junto con Tomás Rueda Vargas, respaldaría la abolición del reclutamiento forzoso y la creación de un sistema militar organizado alrededor del servicio obligatorio y la nacionalización del Ejército.
Detrás de aquellas posiciones estaba una tradición liberal heredada de Miguel Samper: la defensa de las libertades individuales, del trabajo y de unas instituciones civiles capaces de sustituir las prácticas arbitrarias que habían acompañado buena parte de la historia política colombiana del siglo XIX.
La creación del Gimnasio Moderno
Pero fue en la educación donde la participación de Tomás Samper Brush dejó uno de sus legados más perdurables.
En 1914 se vinculó, junto con su hermano José María, al proyecto educativo encabezado por Agustín Nieto Caballero. El Gimnasio Moderno nació de la confluencia de varios hombres que compartían la necesidad de transformar la educación colombiana y de introducir en el país principios de la Escuela Activa. La propia institución reconoce actualmente a los hermanos José María y Tomás Samper Brush entre sus fundadores.
El acta de constitución de la Sociedad Gimnasio Moderno, fechada el 25 de abril de 1914, permite precisar su participación. La reunión tuvo lugar precisamente en la casa de Tomás Samper. Allí estuvieron representadas cuarenta y nueve acciones y quedó formalmente constituida la sociedad que daría estructura jurídica al colegio.
Este dato es significativo. La relación de Tomás con el Gimnasio no comenzó cuando hubo que construir sus edificios. Estuvo presente desde el momento mismo en que el proyecto educativo necesitó convertirse en una institución organizada.
El «binomio ejecutivo» de los Samper
En la historia de los primeros años del Gimnasio, José María y Tomás aparecen constantemente juntos.
El Gimnasio Moderno en la vida colombiana los define acertadamente como una especie de «binomio ejecutivo». José María concebía y financiaba buena parte de las grandes decisiones materiales del proyecto; Tomás se encargaba de ponerlas en marcha.
Cuando llegó el momento de abandonar la Casa de los Torreones y construir una sede concebida específicamente para las necesidades de la nueva pedagogía, José María dio instrucciones a Tomás para que procediera con la adquisición de los terrenos y el comienzo de las obras.
El proyecto era ambicioso. El arquitecto estadounidense Robert M. Farrington había diseñado un campus completamente distinto de los colegios tradicionales de Bogotá: amplios espacios abiertos, campos, jardines y edificios que permitieran desarrollar una educación vinculada con la naturaleza, el movimiento y la libertad.
Lo que podía parecer desmesurado para la Bogotá de entonces resultaba perfectamente lógico para los hermanos Samper. El libro atribuye esa decisión a dos rasgos que los caracterizaban: energía y generosidad.
Tomás asumió directamente la ejecución.
En 1917, fue él quien clavó la primera estaca en los terrenos destinados a la construcción de los nuevos edificios del Gimnasio Moderno. La historia institucional del colegio conserva aquel momento como uno de los hitos de sus primeros años.
Un año después, el 12 de octubre de 1918, se celebró la ceremonia de colocación de la primera piedra de los edificios. La propia historia del Gimnasio vuelve a recordar que la primera estaca había sido clavada por Tomás Samper Brush.
Pero, nuevamente, los hermanos no se limitaron a financiar y contratar las construcciones. Una vez realizados los aportes económicos, José María y Tomás se pusieron personalmente al frente de las obras.
Gonzalo Mallarino sintetiza esa característica con una expresión particularmente acertada: ambos tenían «mucho de ingenieros y mucho más de hombres de buen sentido». Fueron ellos quienes dirigieron las primeras obras del campus.
Organizador del Gimnasio
Sin embargo, reducir el papel de Tomás a la construcción del colegio sería también incompleto.
A él se deben los estatutos que contribuyeron a organizar institucionalmente el Gimnasio Moderno. El dato resulta particularmente importante porque permite distinguir su aporte del de José María: Tomás no fue únicamente ejecutor de las obras materiales, sino también uno de los hombres que ayudaron a establecer las bases organizativas de la nueva institución.
Formó parte de su Junta Directiva y participó activamente en decisiones delicadas de sus primeros años.
Un episodio de 1918 ilustra bien esa responsabilidad. Tras una ruptura entre Tomás Samper y el entonces director Pablo Vila, el colegio quedó súbitamente sin quien asumiera su conducción. A las seis de la mañana, Tomás Samper y Gustavo Santos se presentaron en Santa Ana para pedirle a Tomás Rueda Vargas que se hiciera cargo de la dirección. Los alumnos llegarían a las ocho. Había apenas dos horas para resolver la crisis.
El episodio tiene algo revelador sobre la manera en que funcionaban aquellos fundadores. El Gimnasio todavía era una institución joven y frágil; cuando surgía un problema, quienes lo habían creado intervenían personalmente para solucionarlo.
Familia y legado
Tomás Samper Brush contrajo matrimonio con Belén Ortega Ortega. Las fuentes genealógicas registran una familia numerosa, entre cuyos hijos se encontraba Daniel Samper Ortega, nacido en 1895, quien años después tendría una importante trayectoria como escritor, historiador y hombre de la cultura y llegaría también a ocupar la Rectoría del Gimnasio Moderno.
La relación de aquella familia con el colegio no terminaría con Tomás. Sus descendientes permanecerían estrechamente vinculados con el Gimnasio y con distintos ámbitos de la vida cultural, intelectual y pública colombiana.
Don Tomás murió lejos de Colombia el 22 de septiembre de 1925. El Gimnasio Moderno en la vida colombiana conserva un recuerdo particularmente revelador de su carácter. Tomás Rueda Vargas recordaba haberle oído decir, siendo un padre profundamente cariñoso, que preferiría no volver a ver a un hijo suyo antes que saberlo indiferente a las cosas de Colombia.
La frase ayuda a comprender la unidad que existía entre las distintas facetas de su vida.
Empresa, política y educación no fueron para Tomás Samper Brush actividades completamente separadas. En las tres aparece una misma preocupación: participar activamente en la construcción de un país que todavía estaba tratando de superar las guerras civiles y entrar en la modernidad.
Su legado en el Gimnasio Moderno debe entenderse desde esa perspectiva.
Si José María Samper Brush fue el gran benefactor y uno de los principales impulsores económicos del proyecto, Tomás fue el hombre que contribuyó decisivamente a ejecutarlo y organizarlo. Participó en su fundación, ayudó a establecer sus estatutos, formó parte de su Junta Directiva, intervino en sus crisis, dirigió las primeras obras y clavó simbólicamente la primera estaca del campus.
El propio libro resume de manera admirable el papel que desempeñaron los hermanos dentro del grupo fundador: mientras Agustín Nieto Caballero encarnaba al pensador y al pedagogo, los Samper fueron «los hombres de acción capaces de darle bases reales y funcionales al proyecto».
Tomás alcanzó a ver buena parte de aquella obra realizada antes de morir. Para 1925, los campos y edificios del Gimnasio habían dejado de ser un proyecto sobre los planos de Farrington. Los muros habían crecido, los alumnos recorrían los nuevos espacios y aquella institución que una década antes parecía una aventura comenzaba a consolidarse.
En 1939, cuando el Gimnasio celebró sus primeros veinticinco años, el Parque de los Fundadores fue inaugurado en homenaje a José María Samper Brush, Agustín Nieto Caballero, Tomás Samper Brush, Tomás Rueda Vargas y los demás hombres que habían hecho posible la institución.
Allí permanece su nombre.
Pero quizá el legado de don Tomás se comprenda mejor en algo todavía más concreto: en 1917 fue él quien clavó la primera estaca del Gimnasio Moderno. El gesto resulta casi una metáfora de su vida. Otros podían imaginar, discutir o proyectar; Tomás Samper Brush pertenecía a esa clase de hombres que, llegado el momento, tomaban las herramientas y comenzaban a construir.

